¿Soberanía judía? Daniel Kupervaser. Analista político israelí (Desde Tel Aviv)

El primer ministro Benjamin Netanyahu proclama en Elkana la soberanía judía. (Elkana es un asentamiento israelí en el oeste de Samaria, en Cisjordania, fundado en 1977 por el grupo Gush Emunim de religiosos y no-religiosos judíos) Cisjordania es considerada un «territorio ocupado» ilegalmente por Israel de acuerdo al Derecho Internacional y la ONU. (Texto del Editor)

La excepcionalidad judía acostumbra reiteradamente a modificar y adaptar conceptos para su beneficio sin ninguna correlación con principios democráticos universales. Para los intereses del Estado Judío, no siempre toda definición clásica es la más apropiada cuando se trata de dar respaldo conceptual a la expansión territorial.

Un ejemplo de este uso abusivo de poder ante población sin derechos civiles es el proyecto de blanqueo de la usurpación de tierras palestinas. Por ley se intenta obligar a palestinos a vender sus tierras de propiedad privada a judíos, las cuales ellos mismos se apropiaron por la fuerza años atrás con la ayuda del ejército e instituciones oficiales israelíes (“¿Qué es la ley de ordenamiento de la propiedad a las tierras en Cisjordania?”, Ynet, 6-2-17).

La conquista de Cisjordania como resultado de la guerra de los 6 días llevó a Israel a una situación muy engorrosa. Desde el punto de vista de normas permitidas según convenciones de guerra a las que ha firmado, Israel tendría que haber decidido a una de las dos posibilidades: En primer lugar, declarar la anexión de la región a Israel, imponiendo legislación israelí y otorgando ciudadanía y plenos derechos civiles a todos sus habitantes. Alternativamente podría mantener la región bajo la categoría de territorios en conflicto con dominio militar por todo el tiempo que sea necesario. Bajo este marco, las convenciones exigen de la autoridad militar permitir, en todo lo posible, el desarrollo normal de la vida de los nativos y prohíben categóricamente toda modificación básica de la estructura poblacional por medio de destierros o asentamientos de población del país conquistador.

Basándose en la excepcionalidad judía, Israel prefirió apoyarse solamente en las ventajas de cada una de las opciones desentendiéndose de las obligaciones que ello significa. De la primera opción adoptó el poder de imponer leyes israelíes a su comodidad, pero rompiendo el principio de la igualdad ya que mantiene a la población previa a la conquista sin derechos civiles. De la segunda opción, se permitió el control de la población nativa bajo régimen militar, pero, se tomó el derecho de modificar drásticamente el balance demográfico de la región. Al mejor estilo del corpiño de la doncella: “vestirse con y sentirse sin”.

Las recientes declaraciones de Netanyahu confirman la profundización de este proyecto cuya consecuencia inevitable no es otra más que fijar el carácter racista de la política de expansión territorial de Israel.

Con motivo de la inauguración el año escolar, en el día de hoy Netanyahu participó de actos alusivos en el asentamiento judío Elkana, en Cisjordania. En esta oportunidad sorprendió con la siguiente declaración: “Con la ayuda de Dios, en el nuevo gobierno impondremos SOBERANIA JUDIA en todos los asentamientos” (“Netanyahu promete imponer soberanía judía en asentamientos”, Arutz 7, 1-9-19). A este manifiesto se le debe agregar que en el mes de julio pasado declaró que “no se propone desmantelar ninguna aldea o poblado, tanto judío como árabe” (“Netanyahu: no desmantelaremos ningún poblado, no de judíos y no de árabes, Haaretz, 10-7-19).
NETANYAHU EN ELKANA PROCLAMA SOBERANĺA JUDĺA

Con estas declaraciones queda claramente definido el proyecto a largo plazo de Netanyahu: el objetivo es la convivencia conjunta en el mismo territorio de Cisjordania de palestinos e israelíes. La población judía instalada en la región, en contravención con normas internacionales, gozara de “soberanía judía” mientras que la población palestina del territorio continuará bajo leyes militares sin derechos civiles básicos.

Según la definición del diccionario de la Real Academia Española, “la soberanía es el poder político supremo que corresponde a un Estado independiente”. Netanyahu no permite que ningún límite estatal reconocido internacionalmente sea capaz de detener la expansión de la “soberanía judía”.

Se debe tener claro que, en caso que Netanyahu logre su objetivo, Israel cometerá dos delitos frente al mundo.

Delito de guerra al colonizar población civil en territorio en conflicto bajo dominio militar (conducta que ya tiene más de medio siglo de vigencia y ha sido acusada por todos los miembros del Consejo de Seguridad de ONU, con la sola abstención de USA. Resolución 2334 de diciembre de 2016).
Reafirmará la visión racista del Estado Judío al establecer soberanía en beneficio solo de parte de la población bajo su control con un corte único según pertenencia étnica.

Pero estos dos delitos no son los únicos daños que las políticas de Netanyahu amenazan al pueblo judío y al mundo. A partir de ahora quedará muy bien registrado que, si se permite “soberanía judía” en Cisjordania, cualquier país tendrá todo el derecho de adoptar en el futuro en su territorio “soberanía no judía”, con el correspondiente detrimento en los derechos de judíos en el mundo, de la misma manera que Israel no permite plenos derechos a no judíos en territorios bajo su control.

Es probable que el mundo acepte en silencio la excepcionalidad que la soberanía para judíos carezca de dimensión territorial reconocida por límites estatales y se la puede imponer en cualquier lugar de la tierra donde hay concentración poblacional judía. Bajo este supuesto, que nadie se sorprenda si en un futuro no lejano se demande la “soberanía judía” en detrimento de derechos de población local no judía, en barrios o regiones de alta concentración de población judía en distintos países del mundo. Ejemplo, Williamsburg en Brooklyn, USA.

Ojalá me equivoque


* Daniel Kupervaser / Herzlya – Israel 02-09-2019
http://daniel.kupervaser.com/kupervaser.daniel@gmail.com/@KupervaserD