Tartufo (o la trampa solidaria de la USAID) Roberto Hernández Montoya. Escritor venezolano (Presidente de la Fundación Rómulo Gallegos)

El fariseísmo es difícil de combatir. Simula fidelidad y suele escurrirse entre quienes sí creen de verdad, sea religión, sea proyecto político, sea cualquier entidad que profese una doctrina ético-salvadora. Molière narra cómo Tartufo se hace pasar por beato y termina de director espiritual de un rico a quien quiere tumbar la fortuna, la mujer, la casa y todo.

La genial comedia estuvo prohibida, como suele hacer la Iglesia con las ideas que le incomodan y esta se jugaba precisamente con el núcleo duro de la doctrina: la liturgia, tan útil para montar farsas.
Hay una militante en la novela 1984 de Orwell que formula el fariseísmo de modo certero: “Cumple con las reglas pequeñas para poder violar las grandes”. Ser chupa hostias y meapilas permite ascender en la jerarquía de casi cualquier religión o partido político. Eres más papista que el papa o más revolucionario que el Che. La santurronería es lucrativa.

ÚLTIMAMENTE PRACTICAN MENOS EL FARISEÍSMO Y CADA VEZ MÁS EL DESCARO
Fariseísmo excelso es bloquear la compra de alimentos y medicinas a Venezuela y luego rasgarse las vestiduras por una ayuda humanitaria que ni es ayuda ni es humanitaria sino un Caballo de Troya para invadirnos. Para eso se necesita competencia para disociarse de modo tan sicótico que eres una persona cuando impides la compra de alimentos y otra cuando exiges que la FANB acoja y custodie la carne disecada de la USAID. Eres una persona cuando bombardeas población inerme y otra cuando acusas al “rrrÉgimen” venezolano de violar los derechos humanos.
Pueden llegar al punto de que ambas personalidades no se comuniquen entre sí, como el intachable Dr. Jekyll no sabía las trapacerías de Mr. Hyde, siendo el mismo individuo. Yo soy esquizofrénico y yo también. Es mal que padece mucha gente hoy en Venezuela. Hay quienes no llegan a escindirse y están conscientes de su picardía. Se llama cinismo.
La “moral” burguesa se sustenta en la gazmoñería. Una persona honesta es capaz de escindirse entre quien decide no ver la quema de gente viva de apariencia chavista y la que asiste a una misa piadosa en que el Capitán América y su consorte flanquean al cura en el altar. Y mientras tanto, ruegan a la Virgen Dorada de Altamira el holocausto de millones de chavistas.Aunque últimamente practican menos el fariseísmo y cada vez más el descaro.