Elecciones en Israel: ¿quiénes y por quién votan? Daniel Kupervaser. Periodista israelí. (Desde Tel Aviv)*

 Cumpliendo con la larga tradición israelí, también el actual gobierno de Netanyahu no resistió lashttp://gracus.com.ar/2019/01/05/elecciones-en-is…-por-quien-votan/ reclamaciones y embates de sus socios de coalición y se vio condenado a adelantar las elecciones para el próximo 9 de abril. Con seguridad, este incomodo, aunque no imprevisto traspié, no es motivo de desesperación del primer ministro israelí, pero sí de una preocupación especial.

El orden democrático israelí se basa en el modelo europeo de un sistema parlamentario. El público vota por listas partidarias que completan un parlamento (Knesset) de 120 bancadas según resultados proporcionales en las elecciones. La posibilidad de instaurar un nuevo gobierno es el resultado del esfuerzo del líder de una lista mayoritaria para movilizar el apoyo de una coalición que en forma permanente garantice mayoría de al menos 61 escaños.

La gran polarización y diversidad personal, política e ideológica de los últimos años se tradujo en un significativo crecimiento de partidos con el consecuente debilitamiento del sistema básicamente guiado durante años por un du partidismo. Para mantenerse en el poder, el último gobierno de Netanyahu se vio en la necesidad de lograr la constitución de una coalición gubernamental de 6 partidos de un total de 10. La repentina renuncia de Liberman de dos meses atrás, con tan solo 6 bancadas, se convirtió en el tiro de gracia que demandó adelantar la fecha de las próximas elecciones.

ELECCIONES 2019

En última instancia, para todo candidato que pretende liderar el país y asumir la función de primer ministro, el resultado del bloque afín, que representa la base de la constitución de una coalición, se convierte en un factor mucho mas importante que el número posible bancadas de su propia lista. No en vano, el conocido analista Yossi Verter afirma en su nota que “lo que realmente preocupa a Netanyahu en estas elecciones es el destino de sus socios de bloque” (Elecciones débiles”, Haaretz, 28-12-18).

Los primeros y numerosos sondeos de intención de voto que se publicaron con posterioridad a este llamado a elecciones exponen un cierto juego de sillas entre los partidos, pero siempre en el marco de bloques definidos y conocidos sin cambiar el peso total del bloque y sustancialmente el potencial de armado de coalición gubernamental. Más de 14 sondeos se publicaron en este período, incluyendo 4 con posterioridad a la separación de la “Nueva Derecha” de la “Casa Judía” (Maariv, Walla, Israel Hayom, Canales de Televisión 11, 12 y 14). Los resultados que se obtuvieron en promedio de todos los sondeos, considerando también las nuevas agrupaciones políticas que surgieron últimamente, proyectan una realidad prácticamente idéntica de la representación de los bloques a la que se obtuvo en las pasadas elecciones de 2015.

Bloque derecha: Likud, Casa Judia, Nueva Derecha Liberman, Ultra Ortodoxos: 57 escaños

Bloque Centro: Campamento Sionista, Yesh Atid, Gantz, Kahalon, Levy: 45 escaños

Bloque izquierda: Meretz y Lista Árabe Unida 18 escaños

Pese a que el bloque de centro con el apoyo del de izquierda, tanto en 2015 como en estas estimaciones, tenía y tendría potencialmente la posibilidad de formar gobierno, se trata de un objetivo totalmente utópico. Esto se debe a que, en estos tiempos en la única democracia de Medio Oriente, listas claramente de izquierda y otras que representan votos de ciudadanos árabes, son consideradas por la mayoría de la sociedad traidoras, quintas columnas e inadmisibles en una coalición gubernamental. Todo ello pese a que estas listas cumplen con todos los requisitos de la ley y no tienen ninguna acusación formal en su contra.

Como consecuencia, Netanyahu, liderando el bloque de derecha, no tiene la mínima dificultad en convencer a alguna lista del centro para que sepulte sus sagrados principios y, patrióticamente, cruce las líneas. En 2015 fue Kahalon. En las próximas no hay ninguna garantía para que no sea, o sean, el laborismo del Campamento Sionista (según la conocida herencia que Shimon Peres dejó en ese partido), Yesh Atid de Lapid (que lo hizo en 2013), nuevamente Kahalon, o alguno de los generales que ahora se lanzaron al campo de batalla político prometiendo un gran cambio respecto a Netanyahu.

Netanyahu sabe muy bien que esta propicia prognosis en base al pasado no es motivo para dormirse en los laureles. Mas bien tiene que prepararse para afrontar, probablemente, serios obstáculos en su camino.

El primero, se trata de los varios procesos de investigación por corrupción que podrían terminar en acusaciones penales por parte de Mandelblit, el Fiscal General de Estado. Las propuestas de enjuiciarlo que elevaron la policía y los fiscales que traten las diferentes causas no representan buenos augurios para Netanyahu. Según la jurisprudencia, todo ministro contra quien sea presentada una acusación penal en tribunales, automáticamente debe alejarse de sus funciones. Netanyahu se preocupa por el momento en difundir trascendidos que, por ser primer ministro, el tema no le incumbe, y de ninguna manera proyecta renunciar por esos motivos. Según la experiencia del pasado, todo quedará en manos de la Corte Suprema de Justicia, instancia que, dada la controversia, con seguridad decidirá sobre la disputa.

Prácticamente todas las estimaciones del potencial de voto de árabes israelíes se basan en su comportamiento en el pasado. Nadie puede asegurar que eso continúe en el futuro. Según el pasado y los últimos sondeos, se trata del potencial de obtención de 13 escaños. Esto significa una representación del 11% de los votos. Según estadísticas oficiales la población árabe israelí representa el 21% del total. Como se sabe, o no, en la única democracia de Medio Oriente, en Jerusalén Oriental, bajo soberanía israelí desde 1980, conviven 300 mil palestinos sin ciudadanía y sin derecho a voto de parlamentarios que posteriormente dictan leyes que están obligados a acatar (¿apartheid en Israel?, no puede ser). En esas condiciones, el potencial de escaños de la población árabe israelí, bajo la premisa de la misma participación en la elección como el promedio de la población, arribaría a un 18%, es decir, hasta 22 escaños. Si incrementan la participación (en 2015 la participación árabe fue menor que la judía en un 5%) este número podría crecer proporcionalmente. Todo depende únicamente de la decisión de la población árabe israelí. Una conducta en este sentido podría conmover todas las bases políticas de Israel con la consecuente reorganización política total.

El tercer obstáculo puede surgir de un ángulo inesperado que da la impresión que paso a paso va tomando peso. Netanyahu fortaleció significativamente su posicionamiento político en Israel desde el momento en que Trump asumió y puso a su disposición todo su servilismo y apoyo incondicional. En estos días da la impresión que el furor y empuje en favor de Netanyahu que caracterizó los dos primeros años se va transformando en una imprevista y significativa decaída, elemento que puede llegar a debilitar a Netanyahu en las próximas elecciones. Algunos hechos lo demuestran. Todo se inició con la retirada de las fuerzas estadounidenses de Siria de forma inesperada y sin consulta previa. Esto se complicó aún más cuando el paso inmediato de Trump fue el comienzo de un sorpresivo romance nada menos que con Erdogan, ofreciendo cancha libre a Turquía en Siria. Es el mismo quien de forma paralela incrementó sus groseras acusaciones e improperios en contra de Israel y los judíos. En estos mismos días declaró que “los judíos pisotean gente indefensa en el suelo” (Iton Gadol, 23-12-18). Sobre ese trasfondo, Trump programa una visita a Turquía el próximo año.

ERDOGAN: EL NUEVO ROMANCE DE TRUMP

Como si esto fuera poco, en estos días se informó que la administración de Trump frenó una millonaria venta de equipo bélico de Israel a Croacia (Información canal 10TV, 12-12-18).

Como broche de oro, el conocido periodista Ben Caspit difundió aspectos importantes del borrador del “acuerdo del siglo” entre Israel y los palestinos que Trump se propone presentar a la brevedad. De fuetes fidedignas se detalla que la propuesta relacionada con la ciudad de Jerusalén incluye una división en tres zonas: la occidental como capital de Israel, la oriental como capital del futuro estado palestino, y, por último, el casco de la ciudad vieja como corpus separandum bajo soberanía y control internacional. En otras palabras, retornar básicamente a la decisión original de la partición de palestina de 1947 (“Igual que con Obama”, Al Monitor, 19-12-18). De ser verdad, una reverenda patada a Netanyahu.

Sin lugar a dudas, todos estos factores citados, por separado o conjuntamente, pueden llegar a crear una dinámica que dificulte e inclusive impida totalmente una quinta cadencia de Netanyahu. De todas maneras, si lo logra, con probabilidad continuará con un equilibrio de su coalición muy parecido al de este último gobierno, amenazado constantemente por una fragilidad significativa y peligro constante de caída.


Daniel Kupervaser. Herzlya – Israel 31-12-2018 / http://daniel.kupervaser.com/ kupervaser.daniel@gmail.com