La extrema derecha se rearma ideológicamente Andrés Gil. Periodista. ELDIARIO.ES

Marion Marechal-Le Pen, en la convención Conservative Political Action Conference en National Harbor, Maryland, el pasado febrero, organizada por el American Conservative Union, CPAC.

La sobrina de Le Pen abre una escuela superior para formar líderes políticos y empresariales . ” Italia se ha entregado a Matteo Salvini; Hungría a Victor Orbán y Steve Bannon está desembarcando en Europa. ¿Que está pasando en Europa?

 

Formación del espíritu nacional, con deporte y baile incluido. Como dice su lema: “Nuestro objetivo es fomentar el nacimiento de una nueva generación de tomadores de decisiones que pondrán sus ambiciones al servicio de proyectos útiles para la sociedad, ya sean civiles, asociativos, económicos y políticos”.
La ex diputada del Frente Nacional francés, nieta de Jean Marie Le Pen y sobrina de Marine Le Pen, Marion Márechal-Le Pen acaba de poner en marcha en Lyon una escuela superior para formar “tomadores de decisiones”. A menos de un año de las elecciones europeas, después de que su tía quedara subcampeona en las presidenciales francesas, justo cuando Italia se ha entregado a Matteo Salvini; Hungría a Victor Orbán y Steve Bannon está desembarcando en Europa.
En efecto, justo cuando reaparece el debate de las soberanías nacionales y el nacionalismo frente a la globalización, las migraciones y la Unión Europea. En ese contexto, Marion Márechal-Le Pen acaba de abrir una escuela superior, ISSEP –Instituto de Ciencias Sociales Económicas y Políticas– en Lyón.
El comité científico, que consta de 12 miembros, está compuesto sólo por hombres, en un claro ejemplo del desprecio por la paridad, las políticas de igualdad y con una actitud sin complejos tan propia de la extrema derecha. “Tenemos políticos ahora que saben hacer buenas campañas, pero no saber ser buenos líderes”, explicó en una reciente entrevista a Politico: “Debemos transformar una élite desorientada que sabe poco de la historia de Francia y de su herencia diplomática”. Así, la escuela “se inscribe en el marco de un combate cultural”, razona en otra entrevista en El Confidencial.
La batalla por la hegemonía cultural es clave en el momento político actual, en el que los equilibrios surgidos tras la Segunda Guerra Mundial, en un mundo europeo dominado por la entente entre la democracia cristiana y la socialdemocracia, parecen tambalearse por el desborde por la derecha de movimientos ultras, autoritarios y antimigración, como el que representan Marion Maréchal, su tía Marine, Salvini, Orbán y Bannon, o el empuje por la izquierda de alianzas internacionales como la que están impulsando Pablo Iglesias y Jean-Luc Melenchon.
n medio de los dos extremos, se situaría el nuevo movimiento En Pie surgido dentro de Die Linke, una suerte de discurso de las políticas sociales aderezado con frenos migratorios. Y en el fondo de todos ellos: la pugna por recuperar una soberanía arrebatada: por instituciones opacas y poco democráticas –Banco Central Europeo, Troika, Consejo Europeo, etc…– o por estrategias de defensa diseñadas en el despacho Oval –OTAN–.
En esa pugna de discursos, de cuál logra convertirse en sentido común para ser hegemónico, Marion Maréchal compite con el peso de instituciones en las que tradicionalmente se han formado las élites dirigentes francesas, como el Instituto de Estudios Políticos de París – Sciences Po–, fundado a finales del siglo XIX; o la Escuela Nacional de Administración, creada por De Gaulle tras la Segunda Guerra Mundial.
“No somos una escuela de partido”, dijo Maréchal a Politico, “la enseñanza tiene tendencias conservadoras, pero lo que queremos es ofrecer aire fresco”. Uno de los miembros del comité científico es un integrante del UKIP de Nigel Farage y colaborador de Steve Bannon, Raheem Kassam, editor de Breitbart. “Podemos ser una escuela patriótica”, añadió, “pero también abrirnos e intercambiar opiniones”.También participan Paul Gottfried , historiador y filósofo conservador estadounidense, y and Oleg Sokolov, cabeza visible de la Unión de Reconstrucción Rusa .
El ISSEP ofrece un máster de dos años en gestión de proyectos y ciencias políticas con hasta 13 horas de clases por semana, a 5.000 euros anuales, en asuntos como “El arte de la desinformación”; “Historia y estrategia militar”; “El Islam y la civilización islámica: análisis de una nueva tendencia mundial”; y “conservadurismo en EE UU, China y Rusia”.

La universidad también ofrece clases de fin de semana –900 euros anuales– que tienen como objetivo formar a políticos y dirigentes sobre cómo organizar un equipo de campaña, “desarrollar una estrategia ganadora” y “tener éxito en una entrevista escrita y televisiva”.
“Lo propio del soberanismo”, explicó Maréchal a El Confidencial, “es que nosotros atendemos a las diferencias y por eso defendemos lo particular, lo específico, de cada país: sus tradiciones, su herencia cultural, sus raíces”. Y añadía: “En estos momentos existe un gran movimiento nacional que está emergiendo en Europa y que es una alternativa a la visión europeísta y mundialista de la UE. Ahora de lo que se trata, y es en lo que estamos, es de hacer converger las fuerzas.
Porque en estos momentos hay dos grandes críticas a la UE en Europa, la crítica que emerge en el Sur de Europa y la crítica que viene del Este de Europa. La primera tiene que ver sobre todo con razones económicas mientras que la segunda está más ligada a asuntos identitarios. Pues bien, se trata de unir esas dos grandes corrientes”.

“Creo que, de hecho”, reflexiona, ” ese es el objetivo de Steve Bannon. Sé que su idea es hacer converger a estas dos grandes corrientes en términos de comunicación política y de estrategia. Y pienso que por ahí sí que puede ser muy interesante, puesto que aunque somos fuerzas políticas muy heterogéneas, sí podemos compartir una cierta estrategia política y comunicativa”.
Y añade: “Hemos llegado a un momento en el que existe un sentimiento de carencia de raíces porque a la gente se le ha desposeído de su Historia, o como mínimo, se le ha encerrado en una forma de arrepentimiento que hace que muchas personas se sientan desposeídas de una herencia material e inmaterial que les pertenece. Porque se culpabiliza toda forma de vínculo, también el ligado a la cultura y a la identidad”.